Bye bye Siquijor

7:07 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Ayer las tormentas se ensañaron con Barcelona y llenaron las calles de tráfico. A mí los días grises me apagan porque solo consiguen hacerme sentir tristeza. Es como si las nubes postradas en el cielo bajaran hasta mi mente y mi corazón para llevarlos a ese lugar frío y cavernoso.
La paciencia no es una de mis virtudes, pero en las últimas semanas he empezado a ver que soy capaz de serenarme lo suficiente para no ponerme nerviosa y aceptar cuando las cosas necesitan su tiempo.


En Filipinas el tiempo era muy distinto, en ningún momento tuvimos esta oscuridad grisácea del día de ayer y las lluvias fueron pequeñas, sin una duración demasiado larga.
La última noche en Siquijor comimos en el Dagsa ResoBar, un local muy bien ambientado con una oferta culinaria muy interesante. Pedimos uno de los combinados para cuatro personas que ofrecían y nos trajeron una súper bandeja llena de exquisiteces.
Regresamos al hotel los cuatro y mi marido y Àlex se fueron a devolver las motos. Los trajeron de vuelta en una sola moto, los dos montados detrás del conductor, atravesando los caminos llenos de baches, las subidas, las bajadas…


Estaba muy cansada, así que no tardé en caer en un sueño profundo para despertarme pasadas las cinco, cuando los gallos empezaron su serenata. Salí con mi ordenador al bar para aporrear las teclas y seguir avanzando con ECDA, una novela que ahora estoy volviendo a revisar a ratos.
Desayunamos, nos duchamos, terminamos de cerrar las maletas y tuvimos ese momento tan tenso con el dueño del hotel. Uffff, sacaba humo por los dientes ante semejante personaje y su forma autoritaria e intolerante de tratar a sus clientes. Salí muy ofuscada porque a las personas que te pagan un servicio las has de convencer con palabras suaves no con despotismo. Desde luego el Kawayan Holiday Resort de Siquijor no se lo voy a recomendar a nadie porque para mí el trato al cliente es básico.


Contratamos una van en el hotel para llegar al puerto de Larena, donde compramos los billetes para el barco hasta Bohol. Nos quedaban un par de horas para comer algo. Fuimos a la terminal, donde te obligan a facturar el equipaje y pagar. La verdad es que el ferry es carísimo porque aparte del precio del billete hay que sumarle las tasas portuarias y las maletas…
Como por fuera no encontramos ningún sitio para comer acabamos en un supermercado comprando patatas fritas, galletas saladas, bollitos… ¡Una comida de lujo, vamos! Nos la tomamos en la terminal, donde coincidimos con varios españoles en tránsito como nosotros.
 Os quiero dejar el link a una entrevista que me hicieron hace un tiempo y hoy ha salido publicada en el blog Lectura Adictiva (enlace).

¡Feliz día! J

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Con la rueda pinchada (Siquijor)

7:07 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! La tormenta descarga su fiereza en las calles, llenándolas de oscuridad. Escucho el repiqueteo del agua en el suelo desde la ventana, empañando el silencio de la casa dormida, y con una fuerza colosal que parece capaz de romper la serenidad con el estallido.
Últimamente me despierto muy pronto por culpa de mi cabeza, que no deja de darle vueltas a mil cosas y después de desayunar, escribir en el blog y ducharme me adentro en alguna lectura estirada en el sofá a oscuras, solo iluminada con la luz de la pantalla del Kindle, esperando la hora de salir hacia el despacho.


La negrura de hoy en el exterior es más densa de lo habitual y la tormenta suena como si mil cañones estuvieran dinamitando el cielo. A ver si amaina a tiempo para subirme a la moto sin problemas.
Ayer nos quedamos en nuestro día de buceo en Siquijor. Nos dejaron pronto de vuelta en el hotel, donde nos duchamos, nos vestimos y nos preparamos para ir con la moto a mirar los billetes de barco para el día siguiente a Bohol. Debíamos ir hasta el puerto de Larena.
Al salir del hotel Àlex nos avisó de que algo le pasaba a su moto y no tardamos en descubrir la rueda pinchada. Estábamos en medio de la nada, rodeados de campos. No teníamos muy claro cómo solucionarlo. Por suerte mi marido recordaba que al final del camino había un mecánico.


Irene y yo nos bajamos para dejar que los hombres condujeran hacia allí mientras nosotras recorríamos el trayecto andando. Los nativos nos silbaron en varios tramos del sendero, nos miraban con demasiada curiosidad, sin ocultar su fascinación por personas diferentes.
Por fin llegamos a un mini pueblo consistente en pocas construcciones desiguales, un pequeño puente sobre un río, una tienda de todo, un lugar con gasolina (que no son más que botellas de litro de Coca-Cola rellenas de líquido de dos colores, uno por cada tipo de gasolina. El nuestro era el rojo) y una charca donde se lavan.       


El mecánico no estaba y no sabíamos qué hacer porque la carretera estaba lejos. Mi marido decidió ir en busca del hombre que nos alquiló las motos, quien vino dispuesto a ayudar. Pero como todo era manual tardaron más de dos horas en cambiar la rueda. Pagamos una cantidad por el recambio y la ayuda de la gente del pueblo y por fin pudimos ir hasta Larena, donde nos encontramos con la taquilla de los barcos cerrada.


Estábamos famélicos, así que buscamos un lugar para comer. Tras dar varias vueltas por el lugar encontramos a un chico muy amable que nos indicó un local agradable donde comimos muy bien. Pinchos de pollo, arroz (¡cómo no!), un poco de pescado…
Pasamos lo que quedaba de tarde en la piscina del hotel, preparándonos para viajar al día siguiente rumbo a Bohol.

¡Feliz día! J

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Inmersiones en Siquijor

7:07 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! A veces hay instantes en los que me paro a pensar en cómo resumir mi vida y darle una vuelta, en qué es lo que me impulsa a seguir adelante y en si vale la pena continuar. En general soy optimista, pero en algunos aspectos de mi vida tiendo a mirar la parte menos agradecida. Entonces aparece una reseña como esta (enlace) y me hace recuperar la ilusión.
La administradora del blog Viajera entre páginas ha mostrado su entusiasmo a la hora de expresar las opiniones, tanto de la Serie Sin ti como de Rumbo a ninguna parte, y me siento feliz, agradecida, entusiasmada.



Volvamos a Filipinas…
Nos despertamos al día siguiente y la tormenta seguía descargando su furia sobre Siquijor. Habíamos quedado en ir al centro de buceo en moto, pero era imposible montarnos en la moto sin acabar empapados. Así que les llamamos para anularlo. Sin embargo nos ofrecieron recogernos en su jeep y llevarnos igualmente a bucear.
No tenía muchas ganas, lo admito. Después de mi mala experiencia en Malapascua era un poco reacia a bucear, aunque ya me había quitado la espinita en Malboal y sabía que es maravilloso.


Una vez llegamos al Sea Pearl Divers no pensé demasiado en lo que venía después, simplemente me coloqué el neopreno, charlé un poco con Valerie, la Dive Master que nos acompañó y les seguí a la barca. Fue una de las mejores experiencias del viaje, ya que teníamos a un barco pequeñito para los cuatro y dos personas a parte de Valerie para ayudarnos en todo. ¡Ni siquiera cargamos los equipos!
Dejó de llover al cabo de unos instantes y salió un amago de sol que consiguió alegrarme porque la luz bajo el agua sería más viva.
Cuando me tocaba tirarme me preparé sentada en un banco, cerca de la plataforma preparada para mi salto. No pensé en el mal rollo pasado ni en otra cosa que en pasarlo bien. Al levantarme no podía moverme, ¡suerte de la colaboración de uno de los chicos! Gracias a él pude ponerme en pie, dar un paso de gigante y meterme en el agua.


Esta vez, sin ejercicios ni obligaciones para conseguir un título, conseguí disfrutar muchísimo. Vimos tortugas libres, peces multicolores, coral… Iba todo el rato con los ojos muy abiertos, sin dejar de descubrir la viveza del fondo marino, en paz, como si esa soledad que proporciona nadar bajo el agua acompañada de mi traje, del equipo, de esas gafas que consiguen mostrarme la magnificencia de la vida submarina.
Hicimos dos inmersiones increíbles y al regresar estaba pletórica por haber bajado y superado mis miedos hasta el punto de ser capaz de disfrutar tanto de la experiencia.

¡Feliz día! J

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Appo Island II (Siquijor)

7:07 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! El fin de semana ha sido tranquilo y perfecto, de aquellos donde la lectura, la escritura y ver series se convierte en mi rutina y lo combino con paseos, tomar algo sentada en una terraza, hacer algunos recados, preparar una comida familiar para celebrar el cumpleaños de mi hija…
Voy a seguir con mi precioso recorrido por Filipinas, escenario interesante para la novela que estoy escribiendo y que resulta un reto por la mezcla de estilos, el uso de cuatro primeras personas, la historia en sí. La mejor parte de la escritura es crear ese laberinto de situaciones donde soy la única titiritera que lleva los hilos de los personajes.


Nos quedamos viendo tortugas en Apo Island.
Al regresar a la arena nos secamos con las toallas y nos cubrimos con las camisetas para caminar hacia el otro lado de la isla, donde había una preciosa playa de arena blanca y aguas calmadas frente a la terraza de un hotel donde nos dieron de comer. Era un buffet bastante generoso.
No tenía demasiada hambre, el calor no ayuda a la hora de conseguir apetito. Aunque mejor así, ya que estaba aterrorizada por recuperar los kilos perdidos durante la dieta que llevaba haciendo desde abril. Terminé con rapidez y me tumbé en una de las hamacas blancas de madera frente al mar, con el Kindle llevándome a otro lugar.


El calor sofocante me llevó a bañarme pasados unos minutos. El agua nunca está tan fría como en la Costa Brava, pero me refrescó lo suficiente para sumergirme en la historia una vez más.
Cuando nos llamaron para regresar a la barca estaba un poco amodorrada. Teníamos otra salida a bucear un poco alejados de la costa, pero Irene y yo decidimos quedarnos porque ambas estábamos muy cansadas. Mi marido y Àlex vieron un sinfín de nuevas tortugas haciendo snorkel.
El regreso lo pasé leyendo hasta terminar el libro.


Y una vez en el muelle vimos que nos había venido a buscar un jeepney turístico de color amarillo muy chulo. Irene ya se había metido en la van, así que la seguí, pero mi marido y mi hijo decidieron pasar calor en el divertido transporte sin aire acondicionado.
Pasamos la tarde en la piscina del hotel hasta que se desató la lluvia. Fue una tormenta bastante fuerte y se alargó tanto que decidimos probar la cocina del establecimiento. Resultó que no estaba mal, pero costó más del doble que en cualquier otro lugar.


El sábado salió publicada una reseña preciosa de Un último día conmigo en el blog Vive experiencias de ensueño (enlace). Es cierto que se habla de una ruptura sentimental y de la forma en la que una persona muy reprimida sentimentalmente puede cambiar al descubrir la verdadera esencia del amor. En esta novela intenté darle una visión a ambas partes, darle voz a Cesc para que explicara porque engañó a su mujer y no centrarme solo en Lúa.

¡Feliz día! J

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Apo Island (Siquijor)

7:07 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Hoy me levanto con muchísima energía, deseos de vivir a tope este extraño viernes que parece un lunes y unas ganas locas de seguir adelante con el reto que supone mi novela actual.
Como me he despertado con Hombre G en la cabeza, como si volviera a la adolescencia alocada en la que las hormonas andaban disparadas y estas canciones me acompañaban en cada segundo de mi existencia, ya me veis buscando una lista en Spotify y escuchándoles con una sonrisa. Porque volver a sentirme con esa edad por unas horitas es maravilloso.


Volvamos a Siquijor, cuando mi marido y yo llegamos chorreando al centro de buceo para encargar las dos inmersiones para dos días después. A la mañana siguiente teníamos previsto ir a Apo Island y estábamos muy ilusionados con la idea de ver las tortugas. Nos alquilaron unas máscaras para hacer snorkel y nos parecieron una pareja encantadora.
Mientras nos íbamos hacia el hotel la lluvia remitió, pero esto no nos libró de llegar empapados. Era tarde, estábamos famélicos y decidimos quedarnos a comer en allí, aunque fue caro y justillo.


Pasamos la tarde descansando, bañándonos en la piscina, leyendo, charlando con una pareja de catalanes que estaban alojados en una de las cabañas de nuestro hotel. Él quería visitar la antigua plantación de azúcar de su familia en la isla de Negros y me abrió los ojos a lo que iba a escribir en mi nueva novela.
Por la noche fuimos a cenar a un restaurante alucinante, pero no recuerdo el nombre… Era un puestecito en la carretera con pinchos de todo tipo que te cocinaban bastante rápido por ser Filipinas.
Y por la mañana nos despertamos muy pronto para irnos al Coco Grove a embarcarnos rumbo a Apo Island, la isla de las tortugas. A pesar de llegar a la hora, las furgonetas directas al muelle tardaron casi una hora en salir. Entablamos conversación con unos vascos simpatiquísimos e iniciamos la aventura.


Nos llevaron con un barco bastante cómodo hasta la isla en un trayecto de casi una hora. Una vez anclados, bajamos a las rocas y caminamos un poquito hasta llegar al lugar donde un guía nos llevó a dar una vuelta nadando por la cercanía. Vimos un montón de tortugas en el fondo, coral, pececitos, hasta una serpiente de agua que estuvo a punto de lanzarse sobre mí, pero gracias a la intervención del guía no pasó nada…


El lunes seguimos con la crónica, ahora me gustaría dejaros una reseña preciosa de No puedo vivir sin ti en el blog Betwwe us (enlace), la primera de esta novela, mi preferida de la serie. A Lara le ha gustado y eso me hace feliz porque cuando termino una historia siempre me queda la inquietud de saber si va a gustar… Yo también echo mucho de menos a Julia y a Zack, fueron mis niños durante mucho tiempo y escribir su aventura fue muy intenso.

¡Feliz día! J  

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Butterfly Santuary (Siquijor)

7:07 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Hoy mi hija cumple diecisiete años y a mí me invade una extraña nostalgia porque me doy cuenta de cómo pasa el tiempo, de lo mucho que ha cambiado mi vida desde cuando la llevaba en la barriga, de la maravillosa familia que hemos construido entre los cuatro y de cada una de las decisión tomadas en las curvas de un camino empinado.
Hay instantes en los que un hecho significativo me hace detenerme para echar la vista atrás y descubrir la felicidad de cada instante, dándome cuenta de mi suerte sin dejar de sonreír.


Voy a volver a Filipinas, a cuando nos subimos a las motos para recorrer la isla hacia las montañas. Era una carretera solitaria, casi ausente de personas. Se enfilaba hacia la cima con curvas largas. El calor era tan sofocante que apenas me confortaba la brisa de la marcha. Y el rugido de la naturaleza se empeñaba con el motor, pero era casi silencioso, lleno de notas de vida.
Es extraño, en Filipinas se ven muy pocas aves y los monos, tan abundantes en Asia, apenas cubren las largas extensiones llenas de árboles y matorrales selváticos.
Tardamos un poco en llegar al Butterfly Sanctuary, un lugar perdido en las montañas donde hay muchísimas mariposas volando dentro de un recinto vallado para retenerlas. Es un jardín inmenso, en él nos deleitamos con otros insectos, incluso con los gusanos y las crisálidas que pronto eclosionarían en estos maravillosos insectos alados.


Pagamos para entrar y, al igual que en la carretera, disfrutamos en soledad de ese santuario.
Al regresar a la moto decidimos conducir hasta un mirador en la montaña. Llegamos tras perdernos un par de veces. Estábamos en la cima, rodeados de musgo en el suelo, con las ramas de los árboles tapando el sol, acompañados del silencio. Dejamos las motos y nos acercamos a los escalones… ¡Había ciento setenta o así! Empezamos a subir hasta llegar a lo alto, donde había que ascender a una torre de metal. La verdad es que fue un chasco porque apenas se veía nada.
Un par de rayos surcaron el cielo, anunciando tormenta. Era tarde, habíamos visto la mayoría de cosas que deseábamos y, aunque nos quedaban las cuevas, la lluvia empezó a repiquetear en el suelo para advertirnos de la necesidad de regresar.


Pusimos rumbo al hotel para darle algún antiinflamatorio a Irene, ponerle uno tópico en el pie y descansar unos instantes. A mitad de camino la llovizna arreció, convirtiéndose en un aguacero. Mis hijos decidieron seguir hacia el hotel, mi marido y yo fuimos a contratar un par de inmersiones para el día siguiente.
Llegamos completamente empapados al centro de buceo que habíamos encontrado gracias a Trip Advisor, el Sea Pearl Divers, un sitio que resultó un hallazgo increíble. Entramos chorreando, pero nos atendieron increíblemente bien. Y al salir volvimos a la tormenta, a empaparnos rumbo al Coco Grove Beachresort para reservar una excursión a Apo Island, la isla de las tortugas para dos días después…

¡Feliz día! J

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Lagan falls (Siquijor)

7:07 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Llegamos poco a poco al decimoséptimo cumpleaños de mi hija y mi corazón recibe sentimientos encontrados. Me alegra verla crecer, acompañarla en esta aventura llamada vida, pero también me doy demasiada cuenta del paso del tiempo, de cuántos años han pasado desde que la llevaba con ilusión en mi barriga y deseaba conocerla… Mañana es su cumpleaños… No quiere pasarlo con nosotros, está en esa edad en la que los amigos son lo primero…
Nos quedamos a puntito de empezar nuestra aventura motorizada por Siquijor.
Es una isla no demasiado grande y es posible hacerla entera con la moto en un día.


Al salir del hotel recorrimos los caminos de arena que serpenteaban entre la naturaleza y la gente llevándonos a la carretera principal. Para encontrar el camino de vuelta le hicimos una foto al lugar dónde salimos, ya que el día anterior nos costó un montón llegar al hotel. ¡No hay ni un cartel!
Empezamos la visita por el Old tree. Es un árbol milenario con un lago a sus pies donde tienen esos pececitos que se comen las pieles muertas. Aparcamos bajo unos árboles y caminamos hacia allí, pero enseguida nos vinieron a pedir una tasa que nos pareció un poco abusiva. El lugar estaba plagado de turistas, la mayoría chinos, y no nos apetecía internarnos en el jolgorio, así que seguimos nuestro camino rumbo a las Lagan Falls. No son tan conocidas como otras, pero como mínimo estaban solitarias. Solo había una pareja de alemanes y nosotros.


Tras una pequeña caminata por el bosque, acompañados de los guías locales, llegamos a un lago donde habían instalado una liana para tirarse al lago y vimos la enorme catarata que dejaba caer sus aguas con fuerza.
Mis hijos y mi marido se dejaron seducir por la liana e incluso Àlex saltó desde lo alto de la catarata para internarse en las aguas de la preciosa laguna.
Hacía calor, un calor sofocante, de los que se te enganchan en la piel despertando el sudor. El paisaje era precioso, salpicado con tonalidades de verde que despertaban los sentidos.


En el momento de regresar a las motos mi hija nos mostró su pie. Esa mañana se había caído en el hotel y no nos lo había dicho. Estaba hinchadísimo, morado, feo… Pero hablamos con los guías y nos sugirieron que no fuéramos al hospital de allí. Así que decidimos seguir en la moto sin andar demasiado. En Barcelona ya la llevaríamos al médico. Le dimos un ibuprofeno y proseguimos el camino.
Nuestra siguiente parada fue una iglesia, San Isidro Labrador. La visitamos ante la atenta mirada de los lugareños, quienes no se perdían un movimiento. Era un poco intimidante, parecíamos monos de feria.
Nos subimos de nuevo a la moto y pusimos rumbo a la montaña para subir a la cima…

¡Feliz día! J

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Primeras horas en Siquijor

7:07 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Llegó el lunes… Esta mañana he tenido mucha pereza para levantarme de la cama después de un maravilloso fin de semana en las montañas con mi marido. Necesitábamos desconectar, salir de la ciudad, pasar las horas a solas, serenarnos tras los acontecimientos.
En la crónica del viaje a Filipinas nos quedamos en la llegada al hotel de Siquijor…
Ese día descansamos un poquito en la piscina del hotel para resarcirnos del larguísimo viaje y luego alquilamos unas motos para ir a explorar San Juan. En nuestro camino descubrimos la vida cotidiana de las gentes del campo, acompañados de unos increíbles sunsets.


Cenamos en un restaurante frente a la playa, con la tranquilidad normal en esos parajes, sin ponernos nerviosos por la tardanza. Regresamos tarde al hotel y nos fuimos a dormir con la promesa de un día siguiente lleno de excitantes momentos.
A las cinco y media el maldito canto de los gallos tocó diana. Me vestí con unos shorts y una camiseta, cogí mi Mac y salí al exterior sin hacer ruido. Escribir a esa hora es mágico. No hay nadie, el olor, la brisa y el colorido son especiales mientras el sol va cogiendo impulso para escalar hacia su cénit. Las palabras brotaban con facilidad, llenando folios con esa fuerza característica de la inspiración.
Cuando mi familia se despertó, desayunamos. Sentí esa felicidad que solo se alcanza al estar en paz contigo mismo. Fue una sensación increíble. Casi podía saborear esa ilusoria emoción que me llenaba de placidez.


Esperé la llegada de las motos que alquilamos en el pueblo estirada en una hamaca, con el Kindle llevándome lejos, a una aventura sin paragón. Es la gran maravilla de la lectura, su capacidad para llenar los huecos de tu momento con sentimientos y devenires.
Nos subimos a las motos para seguir una ruta prefijada. Queríamos descubrir la isla, ver cómo eran las montañas, encontrar un camino lleno de nuevas y excitantes experiencias.
Al preparar un viaje mi marido y yo nos dividimos las tareas. Mientras yo preparo un Excel detallado con los presupuestos por áreas, gestiono la reserva de billetes de avión y alojamientos y diseño la ruta, él se dedica a navegar por mil blogs en busca de información para señalar los sitios imprescindibles, cuál es la mejor localización para visitar y cómo moverse por allí.


Teníamos dibujada la ruta para conducir por Siquijor, pero las carreteras no tienen indicaciones, no hay letreros, a veces te pierdes…

¡Feliz día! J

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La fuerza de los sentimientos

7:27 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Llevo algunos sin aparecer por aquí… Hay demasiados sentimientos pululando impunes en mi interior para centrarme en la escritura, pero hoy me he levantado con necesidad de regresar a la normalidad, de rebajar la intensidad de las emociones para regresar al amparo de la rutina y retomar las mil tareas diarias con una predisposición diferente. A partir del lunes voy a continuar contándoos mi periplo por Filipinas, compartiendo instantes y emocionándome con pequeños detalles de la vida, lo prometo.


El martes salió una reseña preciosa de Cada día te espero a ti en el blog Los mundos de Blue (enlace). Cuando era más joven me enganché con mi marido a Los hombres de Paco, una serie disparatada, divertida y con diálogos tronchantes. Pero no fue eso lo que me mantuvo atada a la pantalla durante años, fueron Lucas y Sara, esa relación entre una adolescente alocada, caprichosa, perseverante y madura en algunas ocasiones con un policía que le doblaba la edad. Un hombre chulo, mujeriego, leal y macarra.
A veces hay una serie, una relación, un libro o una película que se me queda asida a la memoria. Mientras veía cómo se forjaba la historia y sufría con sus idas y venidas supe que algún día escribiría algo parecido.


Así nacieron Julia y Zack, aunque al empezar a escribir les di la vuelta concediéndoles su propia personalidad y su historia. Ella se parece a Sara, sin embargo tiene rasgos particulares. Canta en un grupo, tiene unas amistades muy arraigadas, vive en una base militar, tiene un ex novio y su vida es una explosión de ideas alocadas.
Zack y Lucas son realmente muy diferentes… El militar es recto, fiel, adicto a las normas, un poco inmaduro para su edad, cariñoso… No suele liarse con mujeres sin pensar y Julia pone su vida del revés.
La trilogía en realidad habla de cómo los sentimientos pueden cambiar la percepción de las personas. Porque el amor es irracional, no entiende de edad, de condición ni de personalidad. Nace de una atracción, se fortalece con el paso de los días, crece hasta convertirse en algo sólido y muchas veces se rebela contra tus creencias, las bases sobre las que sustentas tu vida, y acaba derruyendo barreras.


Un sentimiento intenso es el arma más poderosa a la hora de mover montañas. Cuando lo fortaleces a base de actos y palabras logras un imperio. Porque la base de nuestra convivencia es la emoción de pertenecer a algo más que a nosotros mismos.
En los sentimientos no se puede mandar, no hay un capitán capaz de hacer zozobrar la barca de tus emociones si no consigue llegar a tu alma para apoderarse de un pedacito. Y la mejor arma para convencer, para unir y para despertar pasiones es conseguir que alguien sienta la necesidad de estar a tu lado, luchar para hacerle desearlo, aflorar su amor.

¡Feliz día! J

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Mes de descuentos en Amazon

7:07 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Hoy me levanto con una mezcla de sentimientos sacudiéndome. En temas políticos siempre me mantengo neutral porque considero que mis ideas son personales y no tienen cabida en un perfil público. Pero a veces debo detenerme, coger aire y decir algo. Como les explico a mis hijos desde que son pequeños, y defiendo a capa y espada, creo que la violencia nunca es la solución a un conflicto. Soy de las aboga siempre por el diálogo, de las que piensa que la fuerza solo consigue enardecer más las diferencias y separar todavía más las posiciones.


Ayer empezó el mes de descuentos en Amazon. Durante el mes de octubre podéis adquirir mis novelas a un precio reducido. Cada día te espero a ti está a 1,79€, Un último día conmigo y Rumbo a ninguna parte a 1,49€, Ecos del pasado, Dúo, Los mundos de Esme, El secreto de los cristales y La Luna de Ónixon a 1,19€. ¡Espero que aprovechéis la oferta!
A veces paso un tiempo un poco ansiosa por motivos personales o laborales. Cuando eso sucede me pongo a escribir con mayor intensidad, ya que hacerlo consigue desligarme de la realidad durante un tiempo para sumergirme en la emocionante vida de unas personas creadas por mí.
He terminado la corrección de los tres libros siguientes de la Serie Sin ti. Los últimos. Ayer, mientras releía por cuarta vez el epílogo de CDSFYST me emocioné. Porque el grupo de personas que aparece en esa despedida me ha acompañado durante muchísimo tiempo y dejarlos marchar me duele un poquito. Aunque también me ilusiona.


Empecé una nueva novela, una que lleva gestándose desde mi viaje por Filipinas, a la que llevo dedicándole mis desvelos desde entonces, que representa un reto importante y a la que deseo ceder hasta la última migaja de mi inspiración porque si sale bien puede convertirse en una historia emotiva, llena de instantes álgidos.
Ayer salió una reseña preciosa de Cada día te espero a ti (enlace). Me ilusiona saber que hay personas a las que la historia de Julia y Zack les llega. A Ester le parece que la novela habla de la importancia de luchar por el amor. Y en el fondo es así, cuando nuestra felicidad depende de otra persona debemos hacer lo posible por conquistar su corazón.


Este mes me encantaría proponer una lectura de una de mis novelas más olvidadas y a la que quiero muchísimo. Dúo. En ella hay dos historias, una actual y la de Margaret, una mujer luchadora que vivió la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que le marcó hasta convertirla en alguien completamente distinto.
Si algún blog tiene ganas de reseñarla que se ponga en contacto conmigo. No está en papel, pero os la puedo ofrecer en digital.

¡Feliz día! J

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Mala experiencia en el Kawayan Holiday Resort de Siquijor

7:07 Pat Casalà 0 Comments

Buenos días! Por fin viernes… Hay semanas en las que necesito la llegada de este día, es como si el estrés laboral me llenara hasta los confines de la paciencia. Vale, la mía no es que sea muy grande, pero a veces las circunstancias me desbordan y es fácil no encontrar la forma de acatarlas con serenidad.
Nos quedamos saliendo del hotel de Malboal…
Durante nuestras inmersiones conocimos a una pareja simpatiquísima que nos acompañó en el viaje de siete horas hasta el hotel de Siquijor. Nos subimos a una van hasta el puerto de Santander, cogimos un ferry, al llegar a puerto necesitamos un triciclo para ir a otro embarcadero a tomar otro ferry hasta Siquijor y una vez allí nos subimos a un nuevo triciclo rumbo al hotel. Tardamos siete horas y media en llegar a destino desde salir de Malboal.


El hotel era el Kawayan Holiday Resort, un precioso enclave alejado de la civilización que podría haberse convertido en un establecimiento perfecto si no fuera por la mala atención al cliente por parte de los dueños. Pasamos cuatro noches allí y nos encontramos con un director arrogante, prepotente y autoritario, alguien incapaz de hablar de forma conciliadora para llegar a un acuerdo cuando estábamos en desacuerdo con él.
El hotel es bonito, el personal son unas chicas muy agradables y las cabañas están muy bien acondicionadas. Pero el trato es muy importante a la hora de quedarse con una buena impresión.


Está muy lejos de San José, lugar donde puedes alquilar una moto veinticuatro horas por 300PHP. Ellos las alquilan por 275PHP durante cuatro horas… Las cogimos la primera noche para ir a San José y alquilar unas más económicas y no pusimos gasolina. Hicimos mal, deberíamos haberla puesto, por eso cuando las devolvimos dijimos la verdad y les sugerimos que nos la cobraran. Un depósito vale 49PHP y no gastamos ni la mitad… Habíamos firmado un papel al alquilarlas y en él decía que nos cobrarían 200PHP por depósito si no la rellenábamos (pero como muchas veces, no lo leímos).


A ver, es de cajón que podía cobrarlo, pero en vez de explicarlo con ganas de llegar a un entendimiento, cuando preguntamos por ese cargo, sin levantar la voz, solo preguntándole a su mujer, él salió del despacho con maneras amenazantes y empezó a hablarnos con una prepotencia que sacó la fiera que llevo dentro. ¡Qué era la cliente! Hay mil formas de explicarlo y hacernos ver que tiene razón, no hace falta enfrentase frontalmente a nosotros. Cuando estás cara al público es muy importante encarar las cosas de otra manera porque al final lo importante es encontrar la forma de convencerles de que están equivocados sin ofuscarlos.
Y luego tuvimos los mismos problemas con otras partes de la factura… Y este tipo de comportamiento lo tenía con todos los huéspedes, no solo con temas relacionados con la factura. Creo que la atención al público es básica a la hora de fomentar la fidelidad de la gente y de conseguir que te recomienden. En fin, una mala experiencia…

¡Feliz día! J

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Último día en Malboal

7:07 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Hace poco en mi trabajo me propusieron vender libros a través de su tienda virtual para dedicar una parte de los beneficios a la investigación médica y a difundir su conocimiento.
Supongo que muchos de vosotros sabéis que una de las entidades que gestiono es una fundación que dedica parte de sus recursos a promover actividades relacionadas con la práctica clínica de excelencia en el campo de la medicina materno fetal y que siempre busca formas interesantes de expandir los conocimientos en ese terreno e incluso de llegar a la sociedad con la web para mujeres embarazadas llamada Inatal.


A partir de ahora podéis comprar algunos de mis libros en papel a través de ese portal y un 20% de los beneficios irán destinados a la fundación. Os dejo el enlace a la tienda por si queréis colaborar. Si ponéis en los comentarios que lo queréis firmado lo haré con muchísima ilusión. (Enlace).
Ayer nos quedamos en mi obtención del Open wáter PADI en Malboal…
Tras la inmersión de la tarde nos dejaron en el hotel para tomar una larga y merecida ducha, descansar un poquito en la preciosa piscina, leyendo un poquito, y regresar al centro de buceo con nuestros libros.


Ese día descubrimos que en Malapascua no nos dieron la documentación necesaria para probar nuestro título, ya que no registraron las inmersiones en nuestros libros ni las sellaron ni les dieron a mi hijo y a mi marido el certificado de la Deep adventure. Y necesitábamos solucionar ese pequeño problemilla…
Gracias a la colaboración de Óscar Picó, el instructor del Savedra Dive Center de Malboal, certificamos algunas inmersiones, preparamos el libro y nos dimos cuenta de lo que faltaba.


Y después decidimos regresar al LantawRestaurant para despedirnos de Malboal. Óscar nos chivó algunos platos para pedir y nos relamimos los labios comiendo exquisiteces. ¡Estaba increíble!
Esa noche dormimos planos. Entre el barranquismo y el buceo estábamos muertos, con agujetas y cansadísimos.
La mañana nos sobrevino acompañados de los primeros rayos de sol. Como cada día me escabullí al bar a las cinco y media armada con mi ordenador para avanzar en la novela que tenía entre manos. Después desperté a mi familia y desayunamos todos juntos.


Las maletas estaban listas, se acababa una nueva etapa del viaje y aunque estábamos felices, nos quedaba un poso de tristeza al abandonar un lugar tan paradisíaco. Y es que Malboal tiene una mezcla de serenidad y naturaleza, su sonido plácido, el calor templado…
Nos tocaba ir de camino a Siquijor, nuestra última isla del periplo. ¡Mañana os lo cuento!

¡Feliz día! J

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Open Water PADI (Malboal)

7:07 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Me he pasado los tres días de fiesta releyendo MVST, la historia de Swan y Steff. Ayer apenas tenía la cabeza en las letras porque ya me lo sabía de memoria, pero a pesar de mis intenciones de cambiare muchas cosas, solo pulí el manuscrito ya que la historia me gusta tal cual está. Me queda el último de la serie, CDSFYST, el que está más olvidado en mi mente y que seguro me llenará otra vez de esa fuerza narrativa de cuando lo escribí.
Y entonces empezaré CEDNE, una historia que lleva un par de meses gestándose en mi cabeza, un verdadero reto. Quizás logre superarlo.


A veces lo importante es eso, superar las adversidades, darle una dimensión diferente a los miedos y vencerlos, enfrentarse a ellos, dar un salto y confiar en ti para avanzar. Y eso es lo que hice en Malboal para sacarme el Open Water PADI. Me tiré a la piscina sin mirar si había agua, me deshice del pánico de lo sucedido en Malapascua y seguí adelante hasta conseguir el título.
Ese día comimos en un restaurante frente al mar tras nuestra primera inmersión. He de admitir que estaba eufórica porque no me esperaba conseguirlo con esa facilidad. Solo me quedaba una última bajada sin ejercicios para ver cómo mi título era una realidad y me emocionaba saberlo.


La tarde llegó con rapidez. Tocaba volver a vestirse con el neopreno, cargar el equipo y caminar por la orilla hasta un barco con mi familia. Fuimos a una zona preciosa, con muchísimos corales y otra pared vertical que bajaba hasta las profundidades marinas.
Esta vez buceé muy relajada. Tenía los ojos muy abiertos por la asombrosa fauna que me acompañaba, sin dejar de maravillarme con los peces multicolores, las tortugas que aparecían, los corales que poblaban las paredes… Era como nadar en una pecera gigante y lo mejor de todo fue que por fin sentía la emoción de hacerlo, estaba feliz, llena de ilusión y con deseos reales de continuar explorando el fondo marino.


Bajé hasta diecinueve metros. Seguí las normas de seguridad y las indicaciones de mi instructor. Me encontré con mi familia a ratos y al subir a la superficie un poco más y lloro de ilusión al saber que lo había logrado. Porque cuando superé lo sucedido en Malapascua sentí que todo era posible.
Fue una sensación parecida a cuando tras muchísimos años luchando conseguí ver mi primera novela publicada. Y luego han venido mil instantes maravillosos. Con la Serie Sin ti he ganado muchísimas lectores, he recibido mensajes increíbles y también algún que otro comentario negativo que he aprendido a encajar. Y quizás ahora mismo no tengo claro mi futuro literario ni el de la segunda parte de la serie, pero disfruto de cada momento con la emoción que merece.


El viernes Belén, la administradora del blog Viajando a otros mundos publicó una reseña de la serie que me arrancó sonrisas, lágrimas y más de una emoción. (Enlace). Y es que a veces me bastan estos pequeños reconocimientos para saber que vale la pena aporrear las teclas cada día para crear mundos paralelos en el papel y regalárselos a los lectores.

¡Feliz día! J

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Kawasan falls y primera inmersión en Malboal

7:07 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! El lunes es fiesta en Barcelona, así que dejaré la entrada para el martes… Cada día recibo mensajes maravillosos de personas que han leído el final de la trilogía y se quedan con ganas de más.  De verdad, esta semana está siendo muy estresante por mil cosas y esos mensajes son aire fresco para mí.
Ayer nos quedamos en el final del barranquismo… Fue una experiencia adrenalítica, pero muy cansada. Al finalizar tocaba subir doscientos escalones por medio de la selva y acabé vomitando por el esfuerzo. Pero llegué de nuevo a la base, me subí con Àlex a una moto con conductor (sí, íbamos tres en la moto y sin casco) y nos cambiamos de ropa para poner dirección a las Kawasan falls.


Llegamos a un parking y el conductor nos llevó a comer en un restaurante que se encontraba en el camino a las cataratas. Era una cabañita de juncos donde nos dieron unos platos buenísimos.
Tras caminar un poquito nos encontramos con la cascada. Me decepcionó bastante, estaba llena a rebosar de chinos, había un chiringuito repleto de personas y apenas sitio para sentarse sin pagar.
Decidí no bañarme y les esperé leyendo. Sí, en este viaje leí doce libros, ¡una pasada! Mi familia se fue a hacer cuatro fotos, se metieron en el agua antes de regresar al parking para emprender la vuelta al hotel.


Cenamos otra vez en el mismo restaurante y nos fuimos pronto a la cama.
El día siguiente amanecí con unas agujetas alucinantes. ¡Y debía sacarme el Padi Open water! Estaba un poco atacada, no sabía si conseguiría meterme en el agua sin que me asaltaran las imágenes de lo sucedido. Desayuné bastante para tener el estómago lleno y me monté con mi familia en el transporte que el centro de buceo nos mandó al hotel.


Óscar Picó estuvo pendiente de nosotros desde que llegamos. La idea de ir sola con él me ayudó a vencer mis últimas reticencias para colocarme el neopreno, los pesos, la máscara, montar el equipo, colocarlo en mi espalda y caminar hacia el mar.
Esta vez entramos por la orilla, una extensión de roca que cubría poco. Avanzamos unos metros, nos metimos en el agua y llegamos a una pared vertical que bajaba hasta el fondo. Descender acompañada de esa pared llena de corales me ayudó a relajarme y llegué a los temidos dieciocho metros.


El fondo marino en Malboal es espectacular. Fuimos a ver las sardinas, pero no eran cuatro, sino bancos enteros. Parecía que estuviéramos en un reportaje del National Geographic. También nos encontramos una familia de tortugas y vimos un montón de peces.
Hice todos los ejercicios bajo el agua y cuando salí a la superficie estaba radiante de emoción. Solo me faltaba una inmersión para conseguir el título. ¡Había vencido el miedo!

¡Feliz día! J  

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Canyoneering en Alegría (Malboal)

7:07 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Esta mañana por fin me he duchado con agua caliente. ¡Estoy que no me lo creo! A pesar de una larga noche en vela estoy feliz porque las cosas empiezan a asentarse. Son muchos los mensajes que recibo cada día interesándoos por las fechas de salida de los siguientes volúmenes de la Serie Sin ti, pero de verdad, todavía no sé cuándo se publicarán… Espero traer noticias pronto… ¡Gracias por vuestro interés! Me hace muchísima ilusión contar con vuestro apoyo.


No me apetece escribir datos prácticos de Malapascua y como al final este es mi blog, pues voy a seguir con la aventura filipina explicando cada instante mágico, recordando la textura de las playas, su sonido plácido, lleno de notas de la canción del verano, Despacito, de los cantos de los gallos, de la calma del trópico… Su color tan vivo, los sunsets que tiñen de roja anaranjado las nubes y el cielo, sus gentes…


Nos quedamos en la primera noche en Malboal. Fuimos al Savedra Dive Center a conocer a Óscar Picó, mi futuro instructor de buceo, que nos recomendó un maravilloso restaurante para cenar, el Lantaw. Mmmmmm, se me hace la boca agua al recordar lo buenísimos que estaban los platos. Creo que fue el mejor de todo el viaje. Os lo recomiendo muchísimo si vais a Malboal.
La rapidez no es algo común en Filipinas. Cuando te sientas en un restaurante y encargas la comida has de esperar como mínimo cuarenta minutos hasta que te sirven. Así que saqué mi Kindle del bolso y le di un avance larguísimo al libro que leía, preparándome mentalmente para un día de canyoneering en Alegría.


Nos despertamos pronto. Yo más que los demás y como siempre me pasé un par de horas tecleando en el bar del hotel. Y nos subimos al vehículo que nos trajo Tours Sideckicks, la agencia con la que contratamos el barranquismo. Estaba como un flan, me daba muchísimo miedo…
Y llegamos a la base, nos cambiamos los zapatos por unos que ellos nos proporcionaron, nos montamos de dos en dos en unas motos y subimos por una carretera que se enfilaba por la selva proporcionándonos unas vistas impresionantes.


Una vez arriba, ya vestidos con un chaleco salvavidas y un casco, empezamos la aventura. El primer salto era de siete metros y yo parecía a punto de explotar de ansiedad. En serio, tirarme no me parecía una opción. Me quedé la última y empecé a sentir vértigo en la boca del estómago. Le pregunté al guía si podía pasar de tirarme, pero no tenía otra opción. Así que me armé de valor, le di la mano, me acerqué al filo del acantilado y cerré los ojos a la hora de saltar. ¡Joder! Se me agarrotó el estómago y chillé como una posesa.


El cañón era una pasada, estaba lleno de gargantas y rodeado de naturaleza. Brillaba con esplendor. Pasamos por mil situaciones diferentes, a cuál más complicada para mí. He de reconocer que tuvo su punto, aunque creo que yo prefiero vivir ese tipo de aventuras desde mi sillón, dándoles vida en una página de Word…

¡Feliz día! J

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